Gran Canaria

Comenzamos nuestra aventura, abriéndonos camino desde la capital hasta el municipio de San Mateo, nuestra ilusión crecía por momentos. Pronto llegaríamos al Polideportivo Tinamar, el cual se convertiría en nuestro hogar los dos primeros días de expedición. Ahí comenzamos a conocernos y a ser conscientes de lo que nos esperaba.

El primer paso fue llenar la bolsa de la compra, nuestro paso por Hiperdino supuso el primer reto que tendríamos que afrontar en equipo. Entre todos supimos superarlo y el resultado fue mejor de lo esperado.

En el pueblo viviríamos por primera vez el contacto con la gente, el cual nos demostró el lado más humano de una localidad humilde y orgullosa de sus raíces. La cercanía con la que nos trataron en el mercadillo y la implicación que nos mostraron haciéndonos participes de su labor, nos dejará sin ninguna duda una huella imborrable de nuestro paso por San Mateo. Nos llevamos un saco cargado de historias entrañables, anécdotas y alguna que otra fruta.

El siguiente en recibirnos sería el pueblo de Artenara, sus cuevas nos trasladaron al pasado y nos mostraron la historia de este rincón de la isla. Gracias a sus 1.800 metros de altura pudimos disfrutar de sus increíbles paisajes mientras realizábamos labores de limpiezas y recorríamos las calles del pueblo. Su implicación con el proyecto y la atención que nos mostraron, nos hizo sentir importantes y capaces de cambiar las cosas.

Posteriormente, dejamos temporalmente la cumbre de la isla para recorrer las calles de la capital, con una misión, hacer frente a un reto cooperativo que nos planteaba el BBVA. Esta actividad nos permitió interactuar entre nosotros y pasar un rato muy divertido.

Un contratiempo nos demostró que nada detendrá nuestro paso, regalándonos un día más en Gran Canaria. Aprovechamos para poner en práctica nuestras habilidades realizando algunos talleres planteados por nosotros mismos, finalizando el día conociendo el litoral del norte de la isla.

Estas vivencias fueron enriquecidas por las visitas de personajes que han decidido hacer de su vida una aventura, y que compartieron con nosotros sus experiencias, las cuales alientan nuestro viaje.

Esta semana hemos aprendido a trabajar en equipo convirtiéndonos en una autentica comunidad nómada y demostrando así, lo que nuestros corazones ya sabían.

Ruta Siete ya no es solo un sueño, es una realidad, un engranaje de personas, ideas y acciones que funciona.

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