La lucha por la banalidad

Quinto día de viaje. Cambio de isla. Primera vez que subo en barco, como tantas otras primeras veces de este viaje transformador. Sin duda, Ru7a podría ser el viaje de las “primeras veces”: montar en barco,  estar varios días sin duchar,  dormir al aire libre…
Esto me ha llevado a reflexionar sobre mi día a día, sobre lo que normalmente forma parte de mi rutina, y lo que me ha supuesto salir de mi zona de confort. Y cuando te paras un segundo, respiras, y te pones a darle vueltas, te das cuenta de la nimiedad de la que estamos rodeados.  A veces, todo es tan superfluo, tan artificial y tan poco real, que asusta.
Vivimos rodeados de prejuicios, de apariencias y de banalidad, esa es la palabra, banalidad. La felicidad no está en los zapatos que lleves, ni en cuán guapo seas. La felicidad está en las pequeñas cosas, en los detalles. En esa sonrisa de complicidad, en ese abrazo inesperado o en ese “buenos días” tras una dura noche. Nos sobran apariencias, momentos forzados y nos hace falta reencontrarnos con ese “yo” que está ahí, escondido, y que lucha por salir a la luz. Ese yo natural que no necesita un móvil, o un “me gusta” en Facebook para ser feliz, sino ese que valora las pequeñas cosas. Se nos olvida esto y nos adentramos en una atmósfera de falsas apariencias  y  de eterna competición. La lucha por la banalidad.
Ru7a me ha dado la oportunidad de encontrarme con ese yo. Ese yo al que le sobra todo lo trivial. Me he dado cuenta que me sobraban cosas y me faltaban personas.
Cuando estás rodeada de personas tan como tú, con ganas de cambiar el mundo, te das cuenta que todo lo demás es secundario. Estoy viviendo la vida sin filtros, al natural. Y eso, queridos lectores, es magia. Para finalizar y si me permiten, a modo de consejo: desconecten, respiren y déjense llevar.

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