La luz siempre guiará a Ruta Siete

Las estrellas de la noche dan paso al gran rey, el Sol, acompañante habitual de nuestro viaje por la isla majorera, hoy escondido tras un manto de calima.

Atravesando y recorriendo los maravillosos valles del Parque de Betancuria, llegamos a la Finca de Pepe, lugar con mucha historia con Ruta Siete.

Pepe, Isabel, Rita, Senaida, Isaac y María nos abrieron las puertas de su finca, acogiéndonos, enseñándonos a hacer queso y llenándonos tanto la barriga como el corazón.

Tras un chapuzón, volvimos a nuestro hogar, donde Carlos nos hizo tomar conciencia de cómo nos comportamos en grupo y cómo mejorar la toma de decisiones en comunidad. Finalmente, una vez nuestra acompañante fiel se escondió tras el horizonte, Vero abrió las puertas de su alma y nos mostró la semilla que había sembrado en Ruta Siete y los frutos que había dado. Nos recordó que hay que perseguir los sueños, abrazar la incertidumbre y sembrar semillas sin saber si, como su abuelo decía, el grano caerá sobre buena tierra o no.

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