Una tranquila travesía, en uno de los buques de la Naviera Armas, nos lleva a un nuevo destino, la isla de tierra y fuego, donde se nos une Carlos Givaja, fotógrafo profesional.
Tras la primera noche en una de las residencias más inverosímiles hasta la fecha, debido a su belleza, nos dirigimos hacia Playa Blanca para realizar junto a un grupo de jóvenes una limpieza de los solares de la zona.
Segundo día en la isla. Ponemos rumbo a una finca ecológica donde, entre risas y buenas vibraciones, y un buen atracón de moras, pasamos una agradable velada aprendiendo nociones teórico-practicas sobre la agricultura ecológica. Finalizamos el día, recibiendo la noticia de que habíamos sido invitados a un tarde en el centro insular de deportes acuáticos, en la playa de El cable, donde pudimos disfrutar de los fondos de Lanzarote haciendo snorkel.
Nos visitó Alfredo de la fundación César Manrique, que con su charla hizo aflorar nuestro lado más creativo, y nos mostró otra forma de ver las cosas. Pudimos recrearnos en las Playas de Papagayo, un pequeño paraíso, que nada tiene que envidiar a las costas del Caribe.
Llegó el momento. La ansiada sorpresa. El secreto, que con tanto recelo, se había guardado hasta el día de hoy. Nos vamos a La Graciosa, a pesar de sufrir un desafortunado contratiempo, que quedó solventado gracias a la colaboración y la entrega de Global, Fran, Juanmi y mucha gente a la que estamos profundamente agradecidos.
Queremos dar las gracias a todas aquellas personas que han hecho posible que hayamos podido disfrutar de esta increíble isla. Gracias por regalarnos estos momentos mágicos que hemos vivido ¡Os invitamos a compartir esta experiencia con nosotros!
Lanzarote, la isla desconocida
