No hay nada mejor que empezar el día a las 6:00 am con una buena dosis de energía a base de ejericicios matutinos. Recuperamos un poco de fuerzas con el desayuno y emprendemos el camino hacia el mercado de la Vega de San Mateo, lugar donde se produjo un encuentro generacional entre los vendedores y nosotros. Nuestra intención era colaborar en lo máximo posible: reposición, limpieza, venta… Asi lo hicimos, pero además ellos querian «contar» y nosotros escuchar. Resultó paradójico que, aunque nos encontrásemos en un mercado, lo que primaba era el intercambio de vivencias en un ambiente familiar.
Mientras dábamos un paseo por el casco antiguo con Damian, fuimos conociendo un poco más la historia de este pueblo, que creció gracias al empeño de sus habitantes. Nos impresionó el origen de la primera campana colocada en la iglesia de la Vega de San Mateo. Los antiguos indianos de este municipio, al enterarse de su construcción, reunieron el dinero desde Cuba para comprarla.
Doña Domitilda Naranjo, nos ha presentado sus libros y contado alguna de sus anécdotas del pueblo al cual nos ha hecho sentir muy apegados.
Son pocos los minutos que quedan para cenar y ya podemos disfrutar del olor que desprende la paella que estamos cocinando con la Corporación Municipal. Se nos hace la boca agua, ¿estará buena?… seguro.
