Mi primera RU7A

Gran Canaria. Mi isla, mi tierra, mi casa. No sé qué parte de mi es la que no puede estarse quieta relajándose al calor del sol sin sentir un profundo aburrimiento, sin duda, solo esa parte de mi sabe por qué cuando ya había terminado los exámenes, cuando por fin había encontrado mi nueva casa en la capital, terminada la gestión de mi traspaso y transcurrido otro intenso y amargo año en la universidad, estoy metido de lleno en una nueva aventura.
Mi madre siempre me dice que trato de tragar más de lo que puedo digerir, ella siempre tiene razón. Lo malo de meterse en la boca más de lo que te cabe, es que de repente recuerdas el sabor intenso del mango cuando dejas que se te deshaga en la boca. El verano que mi mente no quiere abandonar es el de la fruta prohibida, pero con ella siempre pasa lo mismo, al tomarla te das cuenta de que su azúcar alegra al estómago y adormece la mente.
Por eso este verano he decidido comer pan, que cuando se acaba queda la buena gente que tienes alrededor, queda la música que aunque torpe, es el sonido de una guitarra, una flauta, un cajón y una voz, sin filtros. Y aunque de momento mi cabeza sigue allí y no aquí, me quedo con el hormigueo que me recorre el cuerpo, que en lugar de ser el propio de un intestino tratando de tragar, es de ilusión, de tensión, de agradecimiento y de Luis Quintana.
Gran Canaria, te voy a echar de menos, y te pido que esta vez disculpes mi ausencia. Dile a mi madre, a mis hermano, a mis amigos y a Conchi que esto es solo un hasta luego. Diles que mi casa siempre serás tú.

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