Comienza un nuevo día, Tenerife nos regala un nuevo amanecer, y los ruteros nos levantamos llenos de energía para adentrarnos en el corazón de esta preciosa isla: el Teide, que se puede vislumbrar entre el mar de nubes. Tantas preguntas nos rondan por la cabeza a más de 2.000 metros de altura, que es parada obligatoria el centro de visitantes del Parque Nacional, pues no podemos irnos sin antes descubrir algún secreto de este imponente volcán. Su fauna, su lava volcánica y su flora encuadran un enclave digno de admiración, no solo para los canarios sino para todo aquel visitante intrépido que quiera aventurarse en este magnífico paraje. Tras una pequeña caminata a las faldas del “gran Guayota”, pudimos ver en directo el hogar de los tajinastes, que allá por primavera comenzarán a florecer, pintando Las Cañadas de un rojo intenso característico.
Por la tarde, los ruteros hicimos un sendero por la Corona Forestal, un bello lugar de Tenerife donde se respiraba una paz y una tranquilidad única. Con la ayuda de Yeray, de Mirlo Positive Nature, hicimos diferentes actividades a lo largo de la ruta que pusieron a prueba nuestros sentidos y afloraron nuestros sentimientos de confianza y seguridad hacia los demás. Finalmente, regresamos a nuestra morada, en La Orotava, y cenamos en comunidad para culminar este día tan emotivo, donde los ruteros establecimos un vínculo muy fuerte y especial con la naturaleza.
Naturaleza, fiel amiga de los sentidos
