Los buenos días ruteros arrancan hoy de la mano de nuestra compañera de viaje Sara, siempre llena de energía. Una sesión de pilates nos desengrasa y articula nuestros músculos dormidos de la corta y emotiva noche para comenzar el día treinta de esta expedición rutera.
Hoy es un día importante porque es nuestro último cambio de isla. La Gomera nos espera impaciente y ansiosa. El cansancio acumulado del guerrero se compensa o más bien es derrotado por las ganas, la ilusión, el nervio y el entusiasmo suscitado por el acercamiento fugaz y efímero de la llegada a la meta, de la llegada a la cima.
La sensación que un lector tiene cuando se acerca al final de un libro se sucede que como si de una baldosa salvavidas se tratase mientras nos aferramos a las últimas páginas, intensificándose casi que mágica y también naturalmente el placer de la experimentación, la vivencia. Todas las sensaciones se potencian. No solo leemos más lento queriendo prolongar el final sino que tocamos el libro de otra forma, olemos las páginas de otra manera. Esto es lo que le ocurre ahora mismo a los ruteros.
Ya Tere y Bernabé (coordinación técnica), esta mañana y antes del zafarrancho que supone la recogida de material y limpieza, nos compartían pequeñas píldoras reflexivas enfocadas a este punto del viaje. No es el momento de decir -¡vaya, esto se acaba ya!- es momento de decir- exprimamos estos cinco días que nos quedan, vamos a querernos, a abrazarnos y a compartir, porque estas circunstancias no se volverán a repetir, y solo ahora nos pertenece este instante de recuerdo tatuado e infinito desvanecido instantáneamente.
A la intensidad de estos últimos días se nos suma un regalo inesperado para todos. Mientras nuestro ARMAS reposa haciendo escala en Los Cristianos, Juan Serantes se sube a bordo de este barco. Juan es fundador del maravilloso proyecto que supone Ruta Siete. Él ha supuesto un pilar fundamental y todos les estamos eternamente agradecidos por traer a Canarias una experiencia como esta. Aunque personalmente los ruteros no lo conozcamos, hemos escuchado tantas historias sobre él que es imposible no sentirlo, desde el minuto uno, como un rutero más. Gracias por saltar el charco desde Nicaragua, por acercarte a conocernos y gracias por venir a compartir abrazos, palabras, lágrimas y sonrisas, gracias por impulsarnos a cambiar el mundo.
Cerramos la noche con un cambio de contexto y de atmósfera. Llegados al Cedro y procedemos a sumergirnos en la oscuridad de los casi tres kilómetros que distan entre nuestra nueva casa y la guagua. Se respira un aire nuevo y nuestros pulmones se inflan de nuevas inquietudes y ganas inmensas de vivir intensamente los días que nos queden aquí.
Nos aferramos a las últimas páginas
