Cómo si viviéramos bajo un campo, frente al mar, sintiendo como el césped salvjae se va moviendo con el viento, la brisa marina hace que los dientes de león recorran el resto de la montaña. Así, como si nos hubieran enterrado bajo esa tierra, sin nada que hacer, que todo ya está hecho, estás determinado a “ser” de una forma y no de otra. El anudar el cordón de las zapatillas no es suficiente para moverte ni un solo paso. Los recuerdos del pasado pesan, la ansiedad del futuro bloquea, los dogmas, el quehacer y el no hacer. Creer y no poder. Ser Ícaro y calcinarte con el sol por cumplir tus sueños. Mejor quedarse, en la humedad de la tierra.
Así nos enterraron, bajo tierra, pero no se dieron cuenta, de que éramos semillas.
Nos quisieron enterrar…
