La visita a Jameos del Agua me hizo escribir esta reflexión que deseo compartir.
Durante unos pocos minutos estuve contemplando el agua y las rocas que constituyen el entorno donde habitan los Jameos. El sitio por sí solo me obligaba a permanecer callado por la tranquilidad y armonía que emanaba de él. Todo ello me ayudó a conectar con lo que me rodeaba.
Estando a un lugar de la orilla me fijé en el lado contrario. Observé durante varios segundos. Me levanté y empecé a cruzar el camino que unía ambas orillas. En medio del trayecto, se proyectaban los rayos del sol que penetraban en un agujero en el techo y chocaban en las rocas del fondo del agua creando un efecto curioso de ver.
Me asomé a donde daba el reflejo del sol y seguí andando hasta el otro borde. Cuando llegué al final y me dí la vuelta me asaltó una cascada de pensamientos que me impactaron y que tuve que dedicar unos minutos para asimilarlos. Me dí cuenta de que había encontrado una reflexión que ni siquiera era consciente de que momentos antes la estaba teniendo.
Mi reflexión es la siguiente: “Nos sentamos en la orilla mirando el otro lado sin hacer nada, sin actuar, esperando a que otros la crucen por nosotros. Sin embargo, cuando tomas la iniciativa se puede encontrar la luz donde nos reflejamos a nosotros mismos y hace sentirnos seguros y conocedores de nuestro propio interior. Por último, llegas al otro extremo y descubres que no era para tanto, y que lo más complicado es arrancar”.
Finalmente, contemplas lo que has hecho para alcanzar la meta. Me he sorprendido a mí mismo. Me conozco un poco más.
