Tras solo media hora de barco llegamos a Lanzarote, con una sonrisa de oreja a oreja estamos preparados para conocer otra isla, otra nueva realidad.
El primer día nos sorprendieron recibiéndonos en la casa de César Manrique, un artista apasionado de Lanzarote que con sus pinturas intentaba demostrar la belleza de esta isla. En este día los ruteros pudimos observar la trascendencia de Ruta Siete al estar sonando en cargos políticos, ya que por primera vez se presencia de forma directa un encuentro entre el Cabildo y nosotros, algo que nos llenó de satisfacción, puesto que es un área más a la que podemos contagiarle nuestros valores.
Nos adentramos en la cultura canaria realizando un taller de cerámica y pudimos incluso probar sus delicateces en el taller de gafio y mojo en el museo del campesino. También vivimos una mañana diferente tras recibir a los niños de C.F San Bartolomé con los que jugamos y pudimos ver la grandeza, simplicidad y espontaneidad de personitas de seis a diez años, los cuales esperemos que se fueran llenos de felicidad.
Recibimos la gran noticia de que el jueves íbamos afortunadamente a conocer la octava isla: ‘’La Graciosa’’, en la que pudimos dejar nuestra huella positiva limpiando, acción que nos dejó muy marcados al ver la cantidad de basura que había y la poca educación medioambiental que hay en el mundo, pero el mal sabor se nos quitó cuando pudimos disfrutar de sus playas paradisíacas gracias a ‘’Agüita con el plástico’’ y ‘’Lanzarote Reserva de las Biosfera’’ que nos permitió conocerla y días después en Lanzarote también nos dio la oportunidad de aprender a rehabilitar un espacio lleno de basura y convertirlo en un espacio verde de especies autóctonas.
Terminamos la semana con una visita al parque nacional de Timanfaya donde nos fuimos cargados de información tras escuchar al simpático Mauro que nos hizo aprender muchas curiosidades sobre este mundo y acabando con pura adrenalina y diversión al poder practicar windsurf, kayak y snorkell en el club naútico ‘’El cable’’.
Fueron unos días cansados, llenos de calor y altas temperaturas, pero eso no repercutió en nuestra experiencia. Cada día percibimos la grandeza de este viaje, la inmensidad del corazón de 45 personas que con solo mirarles a los ojos puedes ver sus ansias de vivir, de saborear hasta el último minuto de esta aventura y las ganas de conocer nuevas realidades que superen sus expectativas.
Saboreando una nueva isla
