Amanecía un nuevo día en Lanzarote y Eva, la representante de día, era la encargada de despertar a todos los ruteros. Así lo hizo, pero una hora antes, la diferencia horaria entre la península y las Islas Canarias fue el motivo de este fallo que provocó las risas de los compañeros a lo largo del día.
Para la actividad mañanera tuvimos a una dinamizadora muy especial, una de nuestras visitas para esta isla, Esther Haro. Su actividad de buenos días era de salsa, un baile muy interesante. Hemos podido ver como el sentido rítmico de los ruteros en los bailes caribeños deja mucho que desear, entre ellos el de un servidor. Pero no se preocupen, aún nos quedan muchos días de viaje para seguir aprendiendo y realizando todo tipo de bailes.
Tuvimos una breve charla con los ex ruteros y actuales miembros de la Coordinación Técnica, Tineri y Sonia sobre la cercanía de la organización con nosotros. Poco a poco vas a convertirnos en una gran comunidad en la que todos nos ayudemos y ese momento está empezando a llegar.
Visita al Hospital Insular de Arrecife, donde tienen una residencia de ancianos en la que posteriormente realizamos diversas actividades. Allí pintamos dos murales con un pintor de Lanzarote, Jacobo. Estos murales se basaban en cuadros hechos por el artista por excelencia de los lanzaroteños, César Manrique. El artista, como nos contaron Marila y Juan Carlos de Reserva de la Biosfera, tiene obras repartidas por las islas e incluso por Madrid. Asimismo, influyó en que las casas en Lanzarote fuesen de baja altura y de color blanco. César Manrique refleja los valores y el sentir de los locales y, probablemente, a ninguno de los 45 ruteros de esta edición se nos olvidará el nombre de esta eminencia de la cultura canaria.
Las actividades con las personas mayores siempre tienen un sabor especial. Con ellos compartimos un rato agradable en un ambiente distendido. Realizando actividad física adaptada a la edad. Ver sus caras de felicidad sonriendo con nuestra llegada como con nuestras ocurrencias para hacerles reír provoca en nosotros sensaciones indescriptibles. Por esto existe Ruta Siete, para cambiar realidades, para demostrar que con pequeñas acciones se puede comenzar un cambio que puede prolongarse a lo largo del tiempo.
Como consecuencia, me siento en la necesidad de agradecer a Juan Carlos, Marila, Alberto, dinamizador del centro, y Jacobo, cuyo espíritu colaborador y altruista es el que nos da fuerzas para seguir haciendo del mundo un lugar mejor.Durante la tarde los ruteros tuvimos una charla de Juan Serantes, director ejecutivo deRuta Siete. De la charla cuyo título era «Claves para dejar una huella positiva» me quedaría con la frase «somos responsables de las cosas que nos pasan». Juan tiene una forma increíble de transmitir su mensaje y hace que todos reflexionen sobre si pueden mejorar como personas, porque al final dejar una huella positiva depende de tu actitud.
Para finalizar nuestro paso por la isla fuimos a cenar al Mirador del Risco de Famara, con las vistas del pueblo costero de fondo. Asombrados ante la inmensidad de aquel paisaje, en el que podíamos alcanzar las nubes con nuestros dedos. ¡Hasta pronto Lanzarote!
