Sentir, reír, vivir.

Comienza un día más y nos levantamos con un frío poco característico de Fuerteventura, algo que sorprende a casi todos los isleños.
Nuestra primera actividad comienza en el pueblo de Betancuria, realizando actividades de limpieza. Divididos en dos grupos, mientras unos limpiamos los matojos de las carreteras y plantamos diversos árboles, otros se encargaban de adecentar el convento franciscano, bajo un sol ardiente entre ráfagas de viento.
A la hora del almuerzo, en el campamento base, realizamos nuestras tareas internas díarias: lavado de la ropa, almuerzo y aseo personal. Con ánimo, alegría, música de por medio y buen rollo nos dirigimos a realizar cada una de ellas.
Que mejor manera de cerrar la tarde que llevando a cabo actividades lúdicas con niños, en la plaza de este pueblo aparentemente tranquilo, momento en el que todos los ru7eros disfrutamos del ambiente.
Como broche final a un día, en el que todos tenemos la energía por las nubes, realizamos una dinámica nocturna por los alrededores del albergue. Despidiendonos así de esta isla en la que hemos vivido y sentido emociones y sensaciones infinitas.

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