Nos levantamos cuando el sol aún estaba oculto en el horizonte de Tefía, seguimos con nuestra rutina diaria de actividad física y merecido desayuno. Luego nos reunimos con unos viejos conocidos de Ruta Siete, Pepe y su familia, que nos recibieron con los brazos abiertos en su finca de Betancuria. Una vez allí, realizamos diversas acciones para colaborar con las actividades del lugar: desde ordeñar a las cabras, alimentar al resto de los animales, reparar y pintar varias paredes deterioradas hasta limpiar los corrales. Después de unas pocas horas, nos sorprendieron con una gran mesa llena de productos recogidos y elaborados allí mismo. En definitiva, nos hemos sentido como en casa y completamente agradecidos por el trato recibido. Luego pudimos aprovechar y disfrutar de la arena y del mar de la playa de Puerto del Rosario, que un buen chapuzón nunca viene mal.
Por último, a lo largo de la tarde realizamos una actividad muy emotiva y enriquecedora para todos los ruteros; se trató de colaborar en el centro de mayores de “Casillas del Ángel”. Entre canciones, talleres de manualidades y charlas tratamos de llevarles nuestra sonrisa, pero nos dimos cuenta que realmente los que nos han dado la alegría han sido ellos. Para todos ha sido muy emocionante ver la sonrisa en sus caras, y algunos ruteros no pudimos evitar derramar alguna que otra lágrima tras la emoción de compartir con ellos un poquito de nosotros.
Sonrisas y lágrimas
