En El Hierro, la calima nubla el cielo y parece tan difícil que se despeje como difícil fue para nosotros abrir los ojos esta mañana en las aulas del colegio.
Nunca antes habíamos practicado las “flexiones con los párpados” y encontrarte a Pablo Sotoca con una luz escandilante y diciéndote justo encima de tu cabeza “¡vamos chicos abrir y cerrar párpados, un, dos, abrir , cerrar” es una manera divertida de “despejarse”.
El valle de Frontera es como el escenario de un teatro enorme. Las gradas son altísimas llegando casi a los 1500 metros y decoradas en su mayor altitud por la vegetación, que parece gomaespuma de color verde. Al descender hacia la costa por donde nosotros hacíamos un sendero y limpiábamos, la tierra viene desde esas montañas con forma de tobogán terminando con un color muy negro. Recoger colillas en un escenario así es ideal, más aún cuando la música que escuchas es el romper de las olas en las rocas volcánicas. Terminamos la recogida de basura en La Maceta, piscinas naturales en las que se veían peces sin necesidad de usar gafas de bucear.
Llegamos a nuestro colegio y algunos de nuestros exploradores hicieron de maestros enseñándonos a pintar mandalas, a masajear y a hacer teatro. Acabando la tarde con las manos llenas de pintura en el patio, pensando en los niños que llegarán en septiembre y verán su pared llena de dibujos que les inviten a jugar.
Teatro natural
