Tempus fugit

El tiempo es tan relativo que se hace muy difícil expresar con palabras la importancia que tiene en nuestras vidas.
En estos días he aprendido que tenemos muchas formas de utilizar nuestro tiempo, pero se puede reducir a dos tipos de persona; quienes nacen, se reproducen y mueren o quienes viven intensamente y de verdad. La primera es la que todos escogemos cuando no valoramos lo verdaderamente importante, es pasar por la vida como un espectador que paga la entrada y ve la obra sentado en su butaca. La otra forma de vivir es aprovechando cada momento, porque cada uno es único e irrepetible, sabiendo que las grandes cosas no se miden por su precio sino por su valor.
Lo más fascinante es que se puede elegir, tenemos el derecho y la obligación de decidir cómo va a ser nuestro andar por la senda de la vida. Podemos dejar nuestra impronta en la sociedad que nos rodea con las acciones más simples, consiguiendo que perduren como un fósil calcado en una roca. No es necesario inventar algo que solucione la vida a todos, pero sí debemos crear, y son las personas más contemplativas quienes pueden aportar una versión diferente de la realidad. Dejando volar nuestra imaginación ayudaremos a nuestro entorno y a nosotros mismos a sentirnos mejor en nuestro tiempo.
Simplemente aceptándonos y tratando de ser siempre la mejor versión de nosotros mismos, aportamos valor al bienestar de toda la comunidad. Utiliza tus habilidades para construir una sociedad mejor, atrévete a hacer cosas nuevas y aprende todo lo que tienen que enseñarte quienes te rodean.
Disfruta de los amaneceres, ríe hasta llorar, no te quejes sin buscar soluciones, preocúpate de la felicidad de quienes comparten sus días contigo, muéstrate sin máscaras y lucha siempre por conseguir tus retos. No olvides nunca que el tiempo es oro, pero el oro se acaba, así que no lo malgastes hipotecando tu presente por un futuro mejor.

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