¿Qué se siente al ver un atardecer en el Atlántico? Cada persona podría contestar infinitas cosas teniendo en cuenta el mismo número de factores. En mi caso, si se da entre Gran Canaria y Tenerife, donde ya el Teide se divisa pero aún no se ha dejado atrás del todo la isleta y el Alfredo Kraus presidiendo la playa de las canteras, sí se que se siente. En ese momento en alta mar, rodeado de cánticos, amigos y con ganas de más, la espectativa, la euforia, y la emoción se apoderan de todos los que componemos esta aventura, porque todos sabemos que y el nuevo capítulo de nuestra corta historia, titulado Tenerife, está a punto de comenzar.
Acompañada de la noche y “la calima”, Santa Cruz de Tenerife nos recibe, cuyas luces muestran cómo la ciudad le ha ganado terreno a cuestas, laderas y barrancos. Pero este no sería el destino elegido para escribir el nuevo episodio. Vilaflor espera, un pueblo asentado en las Alturas, del cual algunos dicen es el más alto de España y del que sus habitantes lo confirman sin rubor. Tierra de pino canario, galerías infinitas, agua pura y cielo casi virgen. Donde al amanecer agredeces que el primer rayo de sol caliente tu cuerpo y al anochecer solo piensas en salir a dormir viendo las estrellas, que se presentan sobre quien las observe como si se pudiesen tocar.
De la montaña al mar y del mar a la montaña. Así es como se ha pasado el tiempo en la isla. No ha sido fácil, ni mi papel en esto que escribo lo es tampoco. Tras tres islas recorridas los sentimientos están a flor de piel, y todos nos enfrentamos con cosas que antes no habían aparecido. El silencio se convierte muchas veces en un bien preciado y un clima de nostalgia se hace presencia sobre muchos de los que componemos la familia de RU7A. Pero la fuerza, la vitalidad, y el apoyo entre 45 personas hace que todo pueda olvidarse.
Tenerife ha significado todo eso y mucho más. Nos ha dado paisajes inspiradores, lugares de disfrute y dignos de sorpresa. Incluso quien lleva Tenerife por bandera y presume de conocerla como si de sí mismo se tratase ha quedado sorprendido por, no solo lo que la isla ha ofrecido, sino haber sabido apreciar lo que ya conocía con otros ojos. Los ojos de un explorador que poco a poco aprende a ver y no solo a mirar.
Me despido Tenerife, tierra que me ha cuidado desde que nací y que por primera vez me acoge como viajero de paso. Has escrito un nuevo episodio en nuestra historia. Un episodio que solo podrías haber escrito tú, Tenerife.
Tenerife: paisaje inspirador y unión.
