Tengo alas para volar

El día 28 amanece a ritmo de Fogo, un baile brasileño con el que es imposible no ser feliz. Ascendimos hasta El Pilar y conocimos a Cecilio, un etnógrafo natural de El Paso. La pasión y el amor por la isla se han apoderado de él para llegar hasta cada uno de nosotros. Descubrimos «caminos hechos por el hambre y la necesidad, lleno de yacimientos aborígenes», laurisilva, biñátigos y pinos. La mañana transcurrió soleada y gloriosa por el  Camino viejo de La Hilera con saltos del pastor por parte de nuestro acompañante. En este tipo de momentos, es curioso ver cómo el paisaje pasa a segundo plano y solo nos preocupamos de esa conversación con nuestro compañero de al lado. Llegados a este punto es imposible no querer exprimir cada dosis de risas, de conocer un poco más, de descubrir.
Por la tarde dimos rienda suelta a nuestra creatividad con los talleres creativos y finalmente llegó la hora de la cena. Alemania, Grecia, Marruecos, Canarias y Portugal dominaron nuestras papilas gustativas con una cena comunitaria internacional. Degustar platos hechos con cariño conjuntamente cada vez es una experiencia más enriquecedora y cómo no, hemos reido sin parar de nuevo.
Para finalizar otro día más en Ruta 7, de esos en los que no le caben más guindas al pastel, Jesús Garriga nos conquistó con algunos de sus temas. «Solo les quedan 8 días», decía el cantautor, y acto seguido apagaba las luces de la habitación para cantarnos y emocionarnos.
Llegados a este punto del viaje, me cuestiono cómo hemos llegado tan lejos y conseguido formar parte de una gran familia. Sin embargo, estoy segura de que esto tan solo es el principio de un gran comienzo y que ahora que tengo alas para volar cruzaré el cielo en busca de alguna camiseta azul allá donde vaya.

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