Comenzamos el día, un día más, el cielo oscuro y preparado para empezar la primera actividad física impartida por una compañera.
Con ganas, alegría y guitarra en mano, cogimos la Global para ir al Charco de San Lorenzo situado en la costa de Moya. Allí hicimos labores de limpieza de playa, donde recogimos muchas bolsas de basura, y dejándola mejor de lo que estaba.
Nos dirigimos a realizar una Gymkana con niños del pueblo, algo que mucho esperábamos. La alegría y la diversión se notaron tanto, que éramos unos niños en un cuerpo de adultos, reviviendo nuestra infancia.
Con el bocadillo preparado y la emoción a flor de piel, aprovechamos para comer mientras una sombra nos arropaba en el día tan caluroso que hacía.
Ya en nuestra morada tuvimos reunión sobre los talleres creativos, donde cada uno potencia sus inquietudes creativas y aprende a desenvolverse con confianza.
Después de un largo día, ultimamos los detalles para poder dejar el que ha sido nuestro hogar a futuros viajeros que quieran disfrutar de los encantos de Moya y así despedir Gran Canaria, que sin duda quedará en el recuerdo de muchos ruteros.
Tesoros emocionales
