Nos montamos en el barco. Hay un nerviosismo en el ambiente y casi todos sabemos por qué. Comienza la sorpresa: nos acercamos todos a proa y, Jesús Garriga, guitarra en mano, nos sonríe. A los pocos minutos, con el sonido de su música llega nuestro compañero Rubén, declarado admirador de Jesús. La emoción se respira en el aire mientras surcamos el mar camino a nuestro nuevo destino: La Palma.
El cambio de clima se nota desde el primer momento aunque hay algo que a pesar de la temperatura del exterior se mantiene creciente: el calor del grupo. Como el calor que pudimos sentir durante una noche en el Faro de Fuencaliente viendo caer el sol en una imagen de postal.
La estancia en la isla bonita es algo que ninguno podremos olvidar. Quizá por el atardecer en el Roque de los Muchachos, donde por un ratito pudimos declararnos reyes de todo lo que quisiéramos. Puede que también influya el recuerdo del sonido de la cascada de los Tilos, envolviéndonos en un entorno de ensueño.
Berto, maestro de una escuela unitaria, se convirtió en el mejor anfitrión de un municipio que nos quiso acomodar casi como en casa. Sus explicaciones sobre el entorno durante los pateos y colaboraciones fueron indispensables para mejorar el ambiente. Nunca nos imaginamos estar dentro de una enorme cueva a los pies de una playa y aquel hombre lo hizo realidad.
Pero incluso con todo, si alguno tuviera que elegir su momento clave, sin duda, seguramente sería la caída del sol en lo más alto de la isla. Viajar por encima de las nubes espesas, como de película, mientras atravesamos el verde envolvente de los pinos canarios para acabar viendo al fondo del horizonte, al astro rey escondiéndosetras un día lleno de luz, completa la mejor imagen que alguno pudo imaginar.
Tampoco sabemos si la creciente conexión entre todos movida por la triste visión del final del viaje, los apenas diez días que quedan para disfrutar entre todos (y de todos) o la visitas de antiguos ruteros que se sentían como en casa, ayudaron a aumentar la especialidad del entorno, pero lo que sí sabemos es que, aunque haya sido una isla más de entre todas, será indudablemente una isla marcada en el mapa para siempre volver.
