Existe una isla al Este del archipiélago Canario llamada Fuerteventura, cuyas arenas claras, aguas azules y pueblos con encanto han llamado al espíritu aventurero de Ruta Siete.
Esta isla de unos 100.000 habitantes aproximadamente, cuenta con un ambiente acogedor y diferenciado del alboroto de cualquier ciudad que conozcamos.
Asimismo, posee seis municipios, los cuales están separados por largas carreteras, bañadas a su vez por la arena característica del sitio.
De la misma forma que en Gran Canaria, – y en el resto de islas que nos quedan por delante-. La marea azul se ha encargado de realizar algunos voluntariados como: limpieza de playas y la colaboración en diversos espacios públicos, destacando la actividad realizada el último día,dentro de un centro de mayores con Alzhéimer, y la visita a la Finca de Pepe, donde él, junto con su familia nos abrieron las puertas de su casa de par en par, para que pudiéramos disfrutar de un espacio totalmente rural y completamente representativo del puro estilo isleño. Por otro lado, también hemos disfrutado del senderismo,charlas, talleres colectivos, y bailes y juegos autóctonos, entre otras cosas.
Por último, puedo decir que Fuerteventura emite su propia onda de energía, que como consecuencia, ha hecho que nos perdamos por sus senderos y las melodías de sus vientos Alisios; es por ello, que creo que hemos encontrado el cielo en la tierra.
Un mar de sensaciones
