Pequeños detalles son los que construyen este gran viaje. Actos que comenzaron a salir desde lo más profundo del corazón para ser proyectados en personas que están más allá de nuestras posibilidades. Más allá de Ruta Siete.
Nos damos cuenta de que podemos llegar hasta el horizonte sin límites escuchando, hablando, comprendiendo, regalando, riendo, llorando, bromeando, queriéndonos, acariciándonos, leyendo, escribiendo…
En definitiva, pequeños actos de amor envueltos con una fina capa de perdón que nos hace capaces de cruzar las almas de todas las personas. Un corazón de piedra se acaba de convertir en un corazón de carne.
Un viaje de color azul
