Una comunidad que crece

Hoy amanecemos en una casa nueva, hoy el Hierro despertaba al mismo tiempo que cuarenta y cinco ruteros que ya han superado el ecuador de su viaje. La sede de la Residencia de Estudiantes emplazada en Valverde nos ha abierto sus puertas y, al habitarla, hemos sido conscientes de lo enormemente acostumbrados que estamos ya a las rutinas del viaje. De algún modo hemos sentido que traicionábamos ese espíritu que hemos ido construyendo al dejarnos dormir en las camas que hay en la instalación.
No siempre nuestros días comienzan igual y hoy algunos de nuestros compañeros realizaron una serie de talleres de diferentes temáticas (defensa personal, nudos marineros e improvisación). Luego nos dirigimos a la Residencia de ancianos de El Pinar, donde nos abrieron las puertas hasta el mediodía, dándonos así la oportunidad de conectar nuestras ganas de vivir con experiencias de vida. El Centro de Interpretación Vulcanológica fue nuestra última parada matutina, y en ella nos acercamos un poco más a la realidad geológica de la isla.
La Playa de la Restinga fue nuestro comedor y, aunque parezca mentira después de tantos días en las islas, comer con los pies metidos en el Atlántico es siempre una suerte para nosotros. Continuamos perdiéndonos en los riscos de la isla que se veían desde el mirador de Las Playas, para a media tarde volver a casa.
Hoy toca que la gente de las islas nos enseñe a cocinar. Si uno se sienta en el patio exterior se escuchan frases como “¡Amasa más la pella!” o “Aún no pongas la carne de la ropa vieja”. Para una peninsular como yo es un regalo que hoy cenemos todos juntos. Hoy la cultura canaria invade nuestras mentes, y hay tanto que expresar de este lugar, hay tanta belleza que compartir, que esta noche crecemos todos un poco más al comprender lo que esta tierra ofrece.
Elena Rosino, rutera 2011, y Jesús Garriga, cantautor, llenaron nuestro día veintiuno con sus últimos mensajes. Todo lo experimentado por ella hasta ahora y la música con la que él llenó un auditorio improvisado dejó en nosotros la certeza de que, siempre que uno se emocione con lo que hace, es muy probable que salga bien.

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