Son las 16:30 y el capitán anuncia que las puertas están cerradas y estamos preparados para despegar. Comienza mi viaje de vuelta a casa. Todo ha cambiado desde la ultima vez en que estuve en este aeropuerto, a Gran Canaria llegó un chico un tanto reservado y racional y, se va uno con ganas de conocer personas y experiencias en el mundo entero, y con una fibra del corazón afectada por esta Ru7a. Abriendo el libro de dedicatorias que, aunque comenzamos a construirlo el primer día en La Aldea, no lo acabamos hasta hoy mismo; encuentro palabras de unos amigos t más que amigos con unos corazones y personalidades únicas, diamantes en bruto en un mundo impersonal. Uno empieza a leer, y a la tercera línea ya no sabe como contener las emociones que emanan con la fuerza de un huracán, producto de una convivencia de tan solo 35 días. Después de una hora de viaje, miro por la ventana y lo único que veo es el azul océano, el color de la confianza, color de las camisetas que llevamos mas en el corazón que encima de los hombros, color que nos representa y con el que siempre nos vendrá a la mente cierto verano de 2012. Ruta 7 la construyen las personas, por lo que, aunque los Armas cada 5 días hayan acabado, las carreras en el Hiperdino sean suspendidas por un tiempo y las curvas interminables con la guagua las hayamos archivado en nuestro mapa de carreteras mental; las personas seguimos aquí y la aventura no terminará mientras quede un rutero. La ruta ha acabado, el viaje no ha hecho mas que empezar. A tope!!