El testimonio de la mochila

¡Qué ilusión me hizo enterarme de que mi ru7era me había elegido para esta aventura! La verdad es que el nombre que me dieron me pareció un poco agresivo, pero decidí no quejarme… Por lo que tenía entendido solo me iba a encargar de llevar el bocadillo, el agua y algo de abrigo, pero al segundo día de viaje alguien gritó: “¡mochila total!” y de repente me vi llena de cosas; que si las cholas, el bañador, unas gafas para bucear, el chubasquero, protector solar, una toalla… Daba igual a donde fuéramos, si a la playa o a la montaña, siempre cargaba con todo y yo encantada.
En las primeras islas, Gran Canaria y Fuerteventura, mi ru7era me preparaba cada mañana antes de salir de casa y al volver me vaciaba. Pero a medida que fuimos pasando de isla en isla esto se redujo a una simple revisión el primer día que salíamos y de resto solo quedaba esperar que no se hubiera quedado nada atrás.
Sin duda mi peor experiencia durante esta aventura fue que mi querida ru7era se olvidó de la nectarina, que llevaba tres días guardando, y, al final, acabó hecha puré en mi bolsillo pequeño. Pero a pesar de esto, algún que otro bocadillo en mal estado y algo de juguillo que se salía del Boc’n’Roll, Ruta Siete ha sido la mejor experiencia de mi vida y aunque mi ru7era me vaciará al volver a casa, seguiré sintiéndome llena por todo lo vivido durante el viaje.

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