Había una tendencia a intentar adivinar la alineación del viaje, como intentando poder incluir el mayor número posible de bocadillos de salsa pesto, queso y tomate, como tratando por todos los medios de no usar más atún.
No fuimos conscientes del significado que para nosotros cobraría nuestro Boc´n´Roll aquella tarde en Arucas, cuando nos repartieron el material que nos acompañaría durante todo el viaje. Sí lo comprendimos cuando lo sacamos de nuestra mochila de ataque por primera vez y comimos en la isla de Gran Canaria, seguramente mirando al mar. Aquellos trozos de tela estampada guardan, además de sabores, mucho del aprendizaje que vivimos en Ru7a. Somos infinitamente diversos, y no hubo mayor reto que conseguir integrar todas las costumbres, las dietas y las preferencias; que comprender que viajar es también aprender a comer en comunidad.
Había algo similar a un ritual, era como si un remanso de paz se extendiese cuando nos sentábamos en cualquier suelo y mirábamos qué había entre los dos panes del bocadillo. Había, detrás de algo tan simple, un equipo complementándose, un nosotros compartiendo mordiscos para probar nuevas recetas en las próximas islas.
Así, viajando también dentro de aquel invento, se quedaron todas las amistades que empezaron con un “¿Y a ti qué te toca hoy?”. Mirar atrás y ser consciente de lo mucho que ha supuesto esta aventura es intuir que la mayor parte de los momentos importantes se quedaron anclados a recuerdos aparentemente insignificantes. Quizás nadie nunca pueda resumirlos todos, quizás nosotros mismos sólo seamos conscientes de una milésima parte de ellos, pero, de alguna forma, nos irán llegando.
Como cuando miremos nuestro Boc´n´Roll y pensemos en aquel día que…
Libertas y amistad con salsa de verano (nuestro Bock’Roll)
Coordinando un Viaje Transformador (CT)
Las 7 hermanas (más la octava isla, La Graciosa)
